Educación sexual en casa
4 marzo, 2011
¿Cómo abordar la temática de la sexualidad con nuestros hijos?, ¿que es conv
eniente decir y que no? Quienes están al cuidado de los niños son los que ofician como educadores desde el comienzo de la vida. Lo importante es hablar y comportarse con naturalidad, como lo hacemos con otros temas y otras inquietudes que surgen, afirma el educador sexual Gustavo Vignali.
Gustavo Vignali es Técnico en Educación Sexual, Encargado del Departamento de Educación Sexual de Clínica Sexológica.
Presentamos prácticas sugerencias realizadas por Vignali acerca de la educación sexual de nuestros hijos.
“La sexualidad es un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales. La sexualidad puede incluir estas dimensiones no obstante, no todas ellas se vivencian o se expresan siempre. La sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales.” (Organización Mundial de la Salud, 2008).
De la definición de la O.M.S. se desprende que la sexualidad es algo inherente a los seres humanos, que nos acompaña durante toda nuestra vida y que por tanto, no es un aspecto de la vida que aparezca en determinado período del desarrollo y concluya en otro dejándonos desprovistos de la misma. Quienes ofician como educadores desde el comienzo de la vida del niño son quienes están a su cuidado. Los padres, o quienes cumplan ese rol, se convierten en educadores permanentes, lo hacen tanto a través de sus palabras como de los silencios, de las conductas que manifiestan frente al niño, la atención que les brindan, así como las manifestaciones de afecto que demuestran en la convivencia cotidiana.
Desde los primeros cuidados hacia el bebé estamos brindándole información que marcará su postura acerca de la sexualidad. La importancia del esquema corporal, que hace al conocernos y conocer el mundo, es fundamental para poder integrar todo el cuerpo, para sentirlo como propio. Se construye a través de las sensaciones que el niño percibe de si (el tacto, la respiración, el tono muscular), como también las sensaciones recibidas del mundo exterior (la forma de los objetos, el tamaño, los colores). Por ejemplo, para contribuir a la misma, durante el momento del bañito, debemos tratar las diferentes partes del cuerpo de la misma manera. Cuerpo y sexualidad van unidos. Nuestro cuerpo es donde se manifiesta la sexualidad por lo tanto no podemos pensarlo desprovisto de ella. Este binomio se va construyendo, atravesado por las condiciones socio-históricas de cada una y cada uno.
La curiosidad es un atributo muy positivo de la vida de los seres humanos ya que es un móvil que nos permite aprender y crecer. Por lo tanto es fundamental alentar la curiosidad que los niños sienten acerca de los diferentes aspectos de la vida. Debemos tomar sus preguntas como curiosidad general, somos los adultos los que le ponemos el calificativo de “sexual”. De esta forma las respuestas deben ser lo más claras posibles, sin palabras abstractas que no puedan entender, sin metáforas, llamando a las cosas por su nombre y dando la cantidad de información acorde a su pregunta, ni más ni menos. Es el niño quien sabe cuando es suficiente y cuando está listo para más información, de esta manera cuando incorpore ese aprendizaje estará pronto para saber más y vendrá con nuevas preguntas específicas de sexualidad y de otros temas ya que el niño no discrimina. Si percibe incomodidad de nuestra parte, el niño evitará determinados temas, aquellos que nos generen malestar. Si acude con nuevas interrogantes podremos calificar de positiva dicha labor.
Cada sexo es educado de manera diferente. Desde el clásico rosado y celeste para la vestimenta, los diferentes juegos, la forma de moverse, los niños van incorporando una manera particular de ser mujer o ser varón, de sentir la realidad, dejando de lado lo que tiene que ver con el otro sexo, renunciando de esta forma a una parte de si mismos. A las niñas se las educa para que sean delicadas, coquetas y jueguen a las muñecas, mientras que a los varones se los alienta para que sean caballeros y logren destrezas físicas. A esta distinción se le suma que el modelo masculino es socialmente más valorado, pudiendo generar dificultades en cuanto al desempeño para ambos sexos: las mujeres pueden sentirse inseguras en tareas destinadas socialmente para varones, por ejemplo determinados cargos de poder; así como también en los espacios de “mujeres” los varones se sienten ajenos y aportan sin apropiarse de los mismos, ejemplo de esto podría ser cuando lavan la cocina de su casa sintiendo haber colaborado con su compañera, considerando ésta una tarea que no les pertenece. Como vemos, en estas distinciones, nos perjudicamos todos. Es fundamental brindar a niñas y niños iguales posibilidades de estructurar la realidad, sin especificar tareas como propias de cada sexo, de esta forma ampliamos el espectro de oportunidades y habilidades.
Otro punto importante es delimitar lo público de lo privado. De esta manera el niño aprende a distinguir aquellas cosas que son posibles en privado y cuales pueden realizarse en otros ámbitos. Muchas veces se le prohíben determinadas conductas y no se explica el ámbito donde si puede realizarlas, creando confusión al respecto. Aquí también debemos actuar sin mostrar nerviosismo, de modo natural, explicar las conductas y reglas sociales que hacen a la convivencia. Ser claros al manifestar que existen lugares, o situaciones que habilitan determinadas conductas y no otras. Favorecer un contexto donde poder compartir inquietudes acerca de la sexualidad ayuda a que la/el niña/o se sienta más seguro para poder hacer frente ante cualquier situación.
A través de la sexualidad comunicamos afectos. Habilitamos la posibilidad de optar y de respetar la libertad en sus diversas manifestaciones. Los valores sociales, así como los mitos y tabúes, prejuicios y criterios de normalidad están presentes en nuestra sexualidad. Por eso la necesidad de revisar nuestra postura frente a la misma y de educar favoreciendo una postura crítica constructiva. Es en el trabajo sobre uno mismo, revisando nuestros mandatos, que llegamos al autoconocimiento y nos permitimos reconocer nuestros deseos y respetarlos, así como los del otro/a. De esta manera y en un clima de igualdad se hace posible negociar con ese otro/a respetando los Derechos Sexuales y Reproductivos y así vivir una sexualidad plena y saludable.