Hola amigos:
Recién llegada (bah…no tanto de Florianópolis). Paso a contarles mi escapadita.
Salí el domingo ,,,,,,,
Me fui con mi amiga, que aprovechó y sacó unos días que le quedaban de licencia. Vamos por las nuestras Noelia -me dijo-, y yo me animé más, porque fue conmigo. En el hotel que elegimos, precioso, conocimos gente de todas las edades que se puedan imaginar.
Había entre quienes ocupábamos ese hotel, una pareja preciosa de recién casados, muy jóvenes, que también viajaron para divertirse y pasarla bomba y por supuesto, pasar su luna de miel.
Confieso sentí nostalgia (no sé de qué si nunca me casé, tampoco conviví, pero soy piola… sentí nostalgia, y se ve que mi mirada hacia ellos fue muy notoria, porque él me dijo: mmm qué cara de ensueño “señora”, nosotros somos recién casados. Luego de ese comentario, y de brotar en una carcajada, hice de ellos dos amigos casi inseparables en el hotel). Y a veces, cuando salíamos a cenar con mi amiga, ellos nos invitaban a tomar algo antes, para después cada cual seguir su camino o a hacer algún paseo de noche, o ir a algún restaurante a cenar. Pero tenían buena onda. Muy buena onda.
Uno podría pensar que fue al revés, pero eran ellos los que no nos dejaban de hablar. Se ve que les caíamos muy simpáticas, y la verdad que ellos a nosotros también.
Les expliqué que me inspiraba ternura las miradas que se proporcionaban, y les dije –cuando me lo preguntaron, que sí, que yo soy soltera, que no es lo mismo que solterona, -aclaré- dando lugar a una serie de carcajadas que duró varios segundos.
Luego de las primeras horas de haberme embarcado en esta aventura en mi mini viajecito, dudé en estar haciendo bien en escarparme, a pesar que con Marianela la pasamos bien. Porque yo lo que hice fue eso. Escapar, y eso es de cobarde. Pero, a medida que me alejaba y transcurrían las horas, empecé a desconectarme de todo: obviamente, no llevé celular, ni agenda, y en mi mente, poco a poco iban desapareciendo mi jefe, mi compañera de UTU, Enrique, y también bracitos de barniz, aunque lo recordé bastante, por la buena onda que me tiró antes de irme.
El viaje, -como les decía- fue sensacional, a medida que pasaba el tiempo. De compañía me llevé a mi inseparable grabador con mi música, (léase: pronombre posesivo), y libros, que estaban en los pendientes y aprovechaba todo eso cuando mi amiga, se iba a dar sus vueltitas, o paseos. La idea era ser libre y hacer cada una lo que quisiera. Por ejemplo, si yo un día quería hacer playa y ella no, bárbaro. Ningún problema.
Me desenchufé.
El primer día, nos alojamos en el hotel…. , no era una cosa de morirse, pero era lindo y confortable.
Aunque les dije la verdad –que me desconecté-, el inconciente a veces me traicionó y pasé ratos largos pensando en mi superior, y en la actitud que tuve.
No sé por qué razón reaccioné así. Supongo que fue una mezcla de Patricia, Enrique, mi gordura, mi dieta, el intento de adelgazar frustrado, porque con lo que comí ese día y los siguientes, desquitando la bronca –como siempre- me hicieron alejarme de mi amiga –a esta altura no tan amiga- la balanza, (hubo días en que me comí todo).
La conclusión a la que llegué con respecto al incidente con mi jefe, fue que debo disculparme. Obviamente corresponde que lo haga, (pero no es que deba hacerlo porque haya dicho una mentira o porque corresponde que el señor mire revistas y comente cosas delante de una mujer, no no. Él es un desubicado al cubo, pero lo cierto es que a él nadie le llama la atención, y a mí me la llama él). Las cosas son así.
Me voy a disculpar. Apelaré a mis hormonas, a mis problemas, no lo sé, pero la actitud que tomaré, si es que le queda un poco de educación logrará hacerlo sentir mal.

Bueno, ahora, les cuento que hice muchísima playa, los días que pude claro, porque en esta época no hay cuarenta grados, y llovió algunos días… Pero los que hubo sol, les saqué el jugo…
Hermosos y largos atardeceres de playa.
Los primeros días, tímidamente bajaba con pareo, pero al ver que los cuerpos esculturales no son los que abundan, y que las comedias de la tarde engañan mucho, y que personas con más sobrepeso que yo, se animaron a usar (colalessss ssss), yo me animé y me compré una bikini. Sí señor. …. Siempre me encantaron, y desde hacía años que no usaba. Moría como toda gorda con la malla entera negra, con la excusa que “hace más fina… es más elegante”… Ma sí, andáaaa…. ¡Malla entera para disimular mis rollos, no porque me hiciera más fina!

En fin, me compré una bikini bien cavada, como me encanta, negra eso sí, y me sentí cómoda. El primer día, creí que parecería un peleador de sumo pero al rato, el pareo que me había puesto para disimular mis piernas rellenitas, me lo saqué, y decidí aceptar a mis piernas, y a mi cuerpo como son…Y me dispuse a broncearme. Y como no me alcanzó, opté por hacer cosas que no hago prácticamente nunca: tomar alcohol. No estaba en ese momento mi amiga conmigo, porque si no, me hubiera hecho ver que no estaba haciendo bien en tomar tanto alcohol, más al no estar acostumbrada a hacerlo.

Ma sí… dejate de dieta me dije, que mientras vos sufrís Noelia, por uno o por otro, todos hacen su vida. Sabés qué: el que le guste Noelia con rollitos bien, y el que no, que mire para otro lado. Al menos mientras estoy disfrutando de este viajecito, no voy a privarme de comer.
Veinte vueltas como mujer le puedo dar, -no a una Patricia-, -a veinticinco Patricias juntas-. (Sssss)
Yo no sé si esa reacción me vino después de tomar esa bebida con alcohol, debajo de una sombrilla, y entre lo dulce que era la bebida y lo rica, se ve que no me di cuenta, y me pegó a la cabeza.
Gracias a Dios, fui precavida, y me había puesto antes de bajar a la playa, bastante protector solar número 40, que si no… ¡me hubiese muerto quemada por el sol!.
¡Me quedé dor mi da!
Cuando desperté no me dolía todo el cuerpo, pero mis senos, que son una parte muy sensible en toda mujer, y en una gordita más, por el tamaño, parecía que se prendían fuego…

Me fui tan rápido como pude al hotel, que quedaba muy cerca, y me metí en la ducha.
Ahí; apenas el agua fría acarició mi cuerpo, la piel se me empezó a inflar, tal y como lo leen, y eran ampollas que se me habían formado en esa zona.
Terminé en cama, y me dormí todo hasta el otro día. Hasta creo que amanecí un poquito afiebrada y todo… Menos mal que cuando vino mi amiga me fue a buscar un medicamento a una farmacia, luego de contarle al farmacéutico, y explicarle como pudo, que me quedé dormida al sol…
Luego de ese episodio, tuve mayor cuidado con el sol.
Visitamos Playa Açores es una playa realmente bella, tiene arenas firmes y aguas frías. Allí abunda la gente joven. (Algunas personas de mi edad había también).
Conocí La Barra da Lagoa, Bom Abrigo, Cacupé, en fin estuvo divertido y lo que más aproveché fue el mar y el sol.
Conocí un señor que según me dijo, siempre viaja solo a todas partes, y resultó ser muy culto y conversador, así que como estábamos los dos solos, y nos caímos bien, íbamos de allá para acá juntos. (Nada de lo que imaginan). Un señor agradable para mantener una conversación con sentido. Con oraciones que contengan sujeto, predicado, verbo y complementos. O sea, interesantes charlas, entendibles y educativas, por qué no decirlo. Miren qué casualidad, u ru gua yo… Yo te digo… a veces en tu propio país no tenés tiempo de conocer a nadie, y me encuentro al gerente de un banco uruguayo en Flo ria nó po lis.
El nombre de este nuevo amigo es José Luis y como les dije, resultó ser gerente de un banco, y la verdad que su cultura me asombró. Libro que le nombré, libro que me comentó, en cine había visto muchas más películas que yo, y lo más extraño al menos para mí, de obras teatrales sabía un montón. La charla fue ex qui si ta.
Nos pasamos los e mails, y los teléfonos, para llamarnos en Montevideo, y conversar, o salir a tomar algo, pero COMO AMIGOS.
(Aclaro por las dudas).
Muy diferente a mí en ese aspecto, siempre viaja y generalmente solo. Es viudo y no tiene hijos. Y la verdad me sentí cómoda con las conversaciones que tuvimos. NO ME GUSTA ….(ANTES QUE ME SUGIERAN)
Lo más importante, es que vine de mi viajecito flash fresca, más relajada (también debo haber engordado pero la verdad no me preocupa como antes).
Quizá no haya engordado tanto, porque si bien hice mucha playa, y leí; también realicé caminatas larguísimas, y aproveché sobretodo a caminar por la arena, que me fascina y me brinda mucha paz. Así que, con mucha suerte no debo haber engordado mucho… Mañana me peso. No, mañana no. Mejor el lunes. Sí, eso. El lunes es el mejor día para pesarse… (¿?)
Cuando llegué, lo primero que hice –para qué voy a mentirles-, fue ver contestador, y ahí me encontré con un Enrique insistente (4 veces tenía su número en el captor), pero lo que más me preocupó fue el tono de su voz en los mensajes.
Hablaba de la necesidad de contarme algo que no había hecho, y su voz denotaba una tristeza tan profunda, que logró preocuparme mucho. Entonces levanté el tubo, y lo llamé.
Quedamos en vernos en la semana. Le dije que le avisaría cuando puedo, y dijo que vaya preparada porque tiene una noticia que tiene miedo cómo va a caerme. No entendí nada, y decidí preocuparme el día que lo llame y lo vea.
Ya pasé bastante mal por Enrique, y decidí que la alegría de lo bien que pasé en el viaje, no permitiré me la opaque nadie, al menos por unos días más…
Al que llamé también, -claro-, fue a bracitos de barniz, Gustavo; le dije que ya había llegado, y quizá nos veamos el fin de semana. Me dará fuerzas para reintegrarme el lunes a mi trabajo y enfrentar a mi jefe. Si nos vemos les cuento.
¿Qué será lo que tiene para decirme Enrique? Se quedará con ella al final. No entiendo a los hombres, pienso que en el fondo son muy tontos.
¿Será mi destino nunca estar con él, ni con ningún otro, porque elijo estar con alguien que quiero?
¡Me intriga tanto lo de Enrique! Pero es más el miedo que me da, que el sentido de curiosidad.
Para ustedes… ¿qué es lo que tiene para decirme?
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