
Tuve muchos comentarios en el post que escribí sobre la sociedad, y me empeciné en hacer algo así como un humilde análisis, pero desde lo personal. No soy socióloga, aunque leí bastante esa materia, pero soy parte de esta sociedad, la padezco, la sufro y por eso, reflexioné en unos cuantos temas:
Quizá algunos se lo hayan planteado, otros quizá no, pero últimamente estoy haciendo bastante seguido un análisis de todo lo que me rodea, y a mí misma en primer lugar.
Al texto lo titulé:
“¿Y a mí qué me importa?”
¿Qué me importa si me llaman vieja, solterona, engreída o si me trata mal la cajera del supermercado?
¿Qué me importa si el vecino tiene siete amantes, nueve, o ninguna?
¿Qué me importa si te dejó o lo dejaste vos a tu novio?
¿Qué me importa cuánto dinero ganas o qué haces al salir de tu trabajo?
¿Qué me importa si eres heterosexual, homosexual, si no hieres mi sensibilidad y a mí me respetas como persona?
¿Qué me importa que tengas un puesto superior al mío, pues eso hace que te admire, porque de alguna manera eso significa que: o eres más inteligente, más audaz, manejas mejor las relaciones públicas, supiste usar tu capacidad para ganártelo?
¿Qué me importa si estudiaste y te recibiste de Contador, Profesor o eres analfabeto?
¿Qué me importa si te llevas mal con tu familia, si te llevas bien, si tienes familiares o no, o si estás viviendo solo?
¿Qué me importa nada de ti, si no eres mi amigo/a?
Pero sí me importa y mucho:
- Que todos me respeten, así como yo respeto a los demás
- Que el vecino no me lleve “la carga” porque sabe que vivo sola –
- Que si me quieres contar si te dejó o fuiste tú quien dejó a tu novio, lo hagas desde el corazón, con la plena certeza que de mí esa información no saldrá. Que las diferencias con los demás, sirvan para unirnos y no para separarnos como personas – que si tienes una orientación sexual diferente a la mía, que soy heterosexual (me encantan los hombres), no intentes llevarme a probar cosas distintas. No me gusta que se metan en mi vida, si yo no lo hago con la de los demás. –
- Tus estudios poco me importan, pues de ti como persona no me aportan nada. Tu solidaridad, tu mano tendida, tu oído, y saber que recibiré una llamada tuya cuando estoy mal, y estarás allí si te necesito, eso, eso sí me importa.
-Si no eres mi amiga o mi amigo, lo único que me interesa es que exista una convivencia basada en el respeto mutuo, pacífica, es decir ”civilizada”. Esto en cualquier ámbito: club, gimnasios, oficinas, centros de ayuda a quienes lo necesitan, asociaciones en las que estemos como colaboradores, compañeros de estudios, etc.
Es decir, a mí lo único que me importa, es llegar a tu esencia y que llegues a la mía, pero eso es muuuuuy difícil, lleva muchísimo tiempo. Una amistad no se forja de un día para el otro, ni de un año para otro. Vivencias, llantos, alegrías, desgracias, horas y horas de paciencia, de empatía, discrepancias, hacen a una amistad genuina.
-La fidelidad, -componente esencial-, el mirarse a los ojos y saber qué piensa el otro ¡es todo un milagro! Pero en una sociedad donde el que tiene más que yo, ya sea dinero, estatus, cargo o lo que sea, donde estamos rodeados de personas que piensan que esos están en ese lugar, o tienen lo que tienen porque son “chantas”, o “robaron por eso tienen dinero”, o “son alcahuetes”, o “algo debe haber hecho para estar allí”….Mmmm, no creo que esa sociedad prospere. Más bien, volveremos a la ley de la selva.
No es sano, ni para todos en un conjunto que formamos llamado sociedad, y menos que menos en nuestra vida personal, donde para poder hacer un amigo, palabra valiosa si la hay, creo que hay que tener suerte, valor, y mucha paciencia.
Gracias a Dios tengo tres amigas que valen más que el oro. No más de tres. Después muchas “compinches de salida”, “compinches de fin de semana”, “compinches para ir a la playa”….
En fin, el tema es darse cuenta, valorar, y admitir que esas personas que están económicamente mejor que nosotros (conozco mucha gente de origen humilde y hoy tienen muchísimo dinero), conozco compañeros que a partir del esfuerzo lograron ser “Mandos Medios”, llegaron a ese lugar. Entonces, no puede ser que pensemos siempre lo malo. Eso habla de una sociedad paupérrima, mediocre.
En lo personal, creo que si pensara eso, ni siquiera me molestaría en ir a trabajar. Porque eso significaría que no hay esperanzas. Pero no de llegar a ser millonaria, ni a un mando medio… No, no, ¡qué esperanza!, pero sí de mejorar, prosperar económicamente por supuesto, e intelectualmente aún más.
Me importa y mucho, ver qué puedo aprender de ese “superior”, porque por más que yo le encuentre más de un defecto, supo ganarse el lugar, y no fue “alcahuete” de nadie, -yo no lo creo-, aunque algunas personas crean que así son todos. Yo no creo eso.
Hay muchos mandos medios que llegaron a través de su inteligencia, de su capacidad, de saber emplear el empeño, la sabiduría, y si bien el factor suerte influye, yo creo que va en saber mover bien los contactos, saber el punto fuerte de uno, y seguir trabajando duro.
Me parece que deberíamos aprender, aunque no nos interese tener ningún “poder”. Al menos en mi caso, “cargo” no me interesó tenerlo nunca. Lo que sí me importa es que a fin de mes, no tenga que hacer malabarismos con el dinero, que cada vez alcanza menos. Mejor dicho: no alcanza.
Démonos cuenta que el que tenemos enfrente, no es ni más ni menos que una persona como nosotros.
Copiemos lo bueno, no critiquemos, pero tampoco nos dejemos faltar el respeto por nada ni por nadie, pues si cada uno lo practicara, como sociedad… seríamos otra cosa. Es mi humilde opinión.
Esta fábula me hizo reflexionar mucho. No es de mi autoría, por eso las comillas.
Espero les guste.
‘Las lagartijas’

“En un lugar de este país, en el campo, vivían unas lagartijas que acostumbran, durante las épocas de heladas, hacer sus madrigueras en los techos de paja de las chozas típicas que se construyen en los poblados de altura.
Un día, dos de estas lagartijas que coincidieron en un mismo techo iniciaron una pelea que no tenía cuando acabar, el ruido que producían era espantoso«- ¿Oye, qué pasa?, ¿qué tienes?, ¿Qué quieres?, te rompo la jeta, te tumbo de un combo.
Suave, compadre, que te vas de boca, te piso la cola, te arreglo la cara. Te despacho de un solo golpe.
Eres bien macho, me achoro y te «Cuando de pronto se oyó por ahí:

¡Uyyyyy! Dijo el perro: No, no, no. Tenemos que separar a las lagartijas «tenemos que hacer algo para que no haya violencia en este pueblo «Y exclamó: ¡Todo el mundo tiene que levantarse! ¡Todos unidos contra la violencia estructural de este país!
De pronto en el pueblo, se produjo un silencio ante el llamado del perro. Nadie se levantó.
Entonces el perro decidió ir solo a separar a las lagartijas y « Pum, pum. Recibió dos golpes, escupió dos dientes y dijo: Uy, uy, uy. Yo solo no puedo. Alguien tiene que ayudarme ¿Pero quién? ¡Ya sé! «el gallo me va ayudar a separar a las lagartijas. ¡Sí!, él es un animal fuerte y poderoso, él tiene todas sus gallinas bajo control. ¡Él sí me va ayudar! Y dirigiéndose a él le dijo:

Oye, gallo, hay dos lagartijas que se están peleando hace mucho tiempo en el pueblo, tenemos que hacer algo. Y el gallo le dijo: Pup, pup. ¡Y a mí qué me importa! ¿Dos lagartijas que pelean? « Pup, pup « No es mi problema, yo me ocupo de mis gallinas y el resto no me importa.
Durante este tiempo, las dos lagartijas seguían peleándose: Oye, qué pasa, qué tienes, qué quieres, te rompo la jeta, te tumbo de un combo. Suave, compadre, que te vas de boca, te piso la cola, te arreglo la cara. Te despacho de un solo cocacho.
Eres bien macho, me achoro y te «Y nuevamente se oyó: ¡Uyyyyy! Dijo el perro: ¡No, no, no! Tengo que encontrar a alguien que me ayude a separar a las lagartijas.

« ¡Ya sé! El buey, por supuesto. Es un animal fuerte y poderoso « ¡Sí! El buey me va a ayudar. ¡Oye buey! Hay dos lagartijas que se pelean desde temprano en el pueblito, hay que hacer algo. Y el buey, todo gordo, le dice:
Booo, booo. ¡A mí qué me importa! Dos lagartijas que pelean no es mi problema. Mira, yo me cupo de mis problemas y los problemas de los demás no son problema.
Uf, uf, uf. Durante este tiempo, las dos lagartijas seguían peleándose: Oye, qué pasa, qué tienes, qué quieres, te rompo la jeta, te tumbo de un combo.
Suave, compadre, que te vas de boca, te piso la cola, te arreglo la cara. Te despacho de un solo cocacho.
Eres bien macho, me achoro y te «Y nuevamente el perro dijo: ¡Uyyyyy! Tengo que encontrar a alguien para que me ayude a separar a estas lagartijas.
¡Ya sé! El burro, por supuesto, animal viejo, sabio e inteligente. ¡Sí! El burro me va a ayudar.

El perro se dirigió al burro y le dijo: Oye, burro, hay dos lagartijas que se pelean en el pueblo desde temprano, hay que hacer algo.
Y el burro contestó: Ijo, ijo. ¡A mí qué me importa! Dos lagartijas que pelean no es mi problema. Mira, si no dices nada, si no ves nada, si no escuchas nada« ¡No pasa nada!

Durante este tiempo, las dos lagartijas que peleaban en el techo de la choza, hicieron caer un poco de paja al fogón de la casa donde había una abuela que preparaba la cena.
De pronto hubo más fuego, seguía cayendo la paja al fuego, se generó más y más fuego y todo se incendió.
La gente del pueblo, viendo el desastre, se reunió para apagar el incendio. Cogieron al burro y lo cargaron con baldes de agua bien pesados para apagar el fuego. Terminado el incendio, en medio de los escombros, se encontró a la abuela muerta.

En este pueblo, cuando una persona muere, sus funerales duran una semana, participa todo el pueblo e incluyen fiestas y bailes, es una despedida de este mundo y los buenos deseos para su nueva vida.
Pero para poder sostener esa fiesta se necesita comida para alimentar a todo el pueblo, entonces cogieron al gallo y al buey, les cortaron el pescuezo y prepararon ricas comidas.
¿Y el perro? ¿Qué pasó con el perro?
Se fue a buscar al burro y cuando lo vio, le dijo:
Ya ves, burro. ¡Dos lagartijas que peleaban no era tu problema!
Pero el gallo se murió y el buey también. ¿Y a ti? Te duele la espalda de cargar tanta agua y hasta estás medio cojo porque te duele la cadera.
Así, pues, en este pueblo, cuando hay un problema que afecta a toda la comunidad, todos los habitantes tienen que reunirse para resolverlo, aunque los problemas sean un problema de lagartijas.
- Porque los problemas de la minoría, son también los problemas de la mayoría”.
Por eso amigos, cada uno de nosotros pongamos un granito de arena para que esta sociedad no sea un “Cambalache”.
Saludos,
Noelia

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